“¡Como si nos estuviéramos muriendo por no poder morar en aquella fertilidad de Ajarafe y abundancia de campiña!”

El converso Hernando del Pulgar, secretario de Isabel la Católica, al enterarse de que los vascos habían puesto en vigor unos estatutos de limpieza de sangre que impedían avecindarse en su tierra a los descendientes de judíos.